Esa frase que tanto hemos escuchado últimamente y que nos puede asustar por el cambio que significa. Pero a fin de cuentas es una transformación al avance de la sociedad y del trabajo como tal, minimizando los riesgos que la situación actual nos plantea.

Durante años las empresas se han cerrado en banda a la posibilidad del teletrabajo como una opción viable y eficiente. Alegando que el trabajo presencial es el que aporta mayor rendimiento. Bueno, pues aquí estamos demostrando que es posible y no solo eso, en muchos casos se ha conseguido una migración total de los trabajadores mejorando el rendimiento de muchas empresas.

Es cierto que en la mayoría de los casos es un proceso que conlleva una adaptación y un aprendizaje dado que no todo el mundo está familiarizado con las metodologías necesarias. Y no hablar de los problemas que han surgido por el desconocimiento de la tecnología. Pero, humanos y humanas de un lugar llamado mundo la vida sigue y tendremos que adaptarnos a las circunstancias para evolucionar.

El teletrabajo es una perspectiva que merece totalmente la pena para seguir desarrollándose y mejorando. Porque... cuántas puertas no nos abriría un mundo en el que todos estuvieran abiertos a estas opciones.

 

 

Por un lado podríamos acabar con la sobrepoblación que se está produciendo en determinadas ciudades que acumulan una mayor cantidad de empresas. Lo cual conlleva a un encarecimiento de la vida para todos los habitantes de la ciudad. En las abusivas subidas de los alquileres. Cuando podrías estar en tu ciudad, con los tuyos, abriéndote paso a las nuevas oportunidades sin moverte del lugar en el que eres feliz.

Además, en muchos casos, se está cerrando el acceso a trabajos a personas que podrían cubrir un puesto de manera excelente. Pero que por no disponer de los medios o capacidades para desplazarse directamente no pueden ni presentar su candidatura.

Fomentaríamos el aprendizaje de otros idiomas en todo el mundo como mecanismo básico para acceder a trabajos en el extranjero sin necesidad de desplazarnos, ahorraríamos en combustibles y contaminación al evitar millones de desplazamientos cada día, facilitaremos la conciliación familiar y el cuidado de familiares que lo necesiten ya sean niños o ancianos. Evitar el contagio de múltiples enfermedades debido a la aglomeración en los espacios de trabajo desde la pandemia actual a la típica gripe que se pasa por toda la oficina.

Los beneficios son innumerables y es una pena ver como muchas empresas que se vieron forzadas a abrazar el cambio por falta de otra opción están dando marcha atrás a toda velocidad.

Creo que como parte de la nueva normalidad este sería uno de los muchos cambios en el apartado laboral que merecería mucho la pena luchar por conseguir porque no sé vosotros pero yo trabajo mucho más cómodo en pijama y con pantuflas.

 

 

 

 

 

 

Alvaro Arroyo Benito